¿Qué es Retrópica?

Retrópica comenzó mucho antes de convertirse en una tienda.

Todo empezó alrededor de 2010 en Buenos Aires, cuando comenzamos a reunir objetos que nos llamaban la atención: juguetes antiguos, juguetes de madera y hojalata, robots, naves espaciales, piezas de diseño, recuerdos de infancia y pequeñas rarezas difíciles de encontrar. Sin buscarlo, aquella afición fue creciendo hasta convertirse en una colección personal construida durante años.

Con el tiempo descubrimos que lo que más nos gustaba no era simplemente acumular objetos, sino encontrarlos, entender su historia, conocer de dónde provenían, para qué habían sido creados y en qué contexto habían formado parte de la vida de otras personas.

Muchos de ellos pertenecen a una época en la que la obsolescencia programada todavía no existía, cuando las cosas se diseñaban para durar, para repararse y para acompañarnos durante años. Objetos creados con intención, personalidad y una razón de ser.

Aquella colección fue creciendo poco a poco. Algunas piezas se quedaron con nosotros durante años. Otras encontraron nuevos hogares.

Hoy Retrópica es la evolución natural de aquella colección.

Desde nuestro espacio en el Mercado de Tapineria, en Valencia, seleccionamos objetos que nos hacen sonreír, despiertan recuerdos o simplemente tienen algo especial. Algunas piezas son auténticamente vintage. Otras son de fabricación actual. Todas tienen una razón para estar aquí.

No somos una juguetería. No somos una tienda de souvenirs. No somos una tienda vintage al uso.

Nos gustan los robots de hojalata, los relojes con personalidad, los juguetes mecánicos, la cerámica colorista, los objetos de diseño, el skate vintage y esas pequeñas cosas capaces de generar conversación, nostalgia o asombro.

Cada objeto que forma parte de Retrópica ha sido elegido uno a uno. No seguimos modas ni llenamos estanterías por llenar. Preferimos reunir piezas con carácter, historias que contar y capacidad para convertir una casa en un lugar más personal.

Creemos en la curiosidad. En la nostalgia bien entendida. En los objetos que conservamos durante años. En las cosas bien hechas. Y en que crecer no significa dejar de sorprenderse.

Porque, al final, no vendemos objetos. Compartimos hallazgos.

Una colección de objetos con razón de ser.